viernes, 3 de junio de 2005

Editorial: Guatemala vs. México

Es ineludible. Lo veo todos los días y a cada momento: opiniones no pedidas en los periódicos, vaticinios de cómo va a quedar el marcador garabateados en los cadáveres de la nota roja (esto no me lo estoy inventando), los compañeros de trabajo que se la llevan de analistas deportivos y podrían reemplazar mil veces al Primitivo pero que no pueden ni correr 5 minutos sin que les ocurra un ataque masivo al miocardio rematado con estallido de arteria cerebral.

El partido Guatemala vs. México está ahí, ahí cabal, el sábado y no hay nada que podamos hacer. Y el resultado final es uno de esos momentos decepcionantes de la vida que tenemos que afrontar como verdaderos hombres, como la vez que descubrimos que Santa Clos eran los papás, que los Pitufos eran satánicos, que Elton John era un gran hueco y que no era cierto que “Adultos 1” en los cines quería decir que solo podía entrar un adulto (alguien más creía eso?): con valor, con gallardía, con la frente en alto y los huevos en su lugar.

No, no crean que he perdido la fe en la selección y que la larga lista de goleadas humillantes y desengaños ha hecho mella en mí. Bueno, talvez un poquito, pero eso no es importante ahora. Sepan que me gustaría ver cómo la selección machaca a los mexicanos al punto de que solo queden sus zapatios echando humo en la cancha, y cómo esos odiosos periodistas deportivos que siempre se andan llenando la boca cuando gana su país son ofrecidos al dios azteca Quetzalcóatl en aquel ritual donde se les extrae el corazón con un enema de jade muy rasposo. Todo en el marco de la concordia y la fraternidad deportiva, claro.

Estamos a un paso de llegar a un mundial y cuando este paso sea dado, cuando la manipulación genética nos permita alcanzar un nivel deportivo decente y sea encontrado el gen del talento futbolístico, entonces culminaremos nuestra máxima aspiración como nación. Tengo fe en la selección. Y soy un gran creyente de la tecnología moderna.

Pero mientras ese momento llega, con el Pescado suspendido, Pezzarossi y el Loco lesionados, el clima perjudicial y la alineación de los astros en completa adversidad, la contundencia de la lógica nos indica que... err... um... cómo les digo...

INDUDABLEMENTE VAMOS A GANAR!!!

(lógica chapina, of course)