lunes, 14 de septiembre de 2026

Campaña nacional cognitiva

El informe PISA (Programme for International Student Assessment) es un estudio internacional realizado por la OCDE que mide el rendimiento académico de estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lectura.

Su objetivo es proporcionar datos que permitan a los países analizar sus sistemas educativos, orientar políticas públicas y mejorar sus resultados.

Y, como suele pasar en los eventos internacionales donde el esfuerzo individual no es factor, Guatemalita fue Guatemalita.

8% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en matemática.

En lectura, apenas el 17%.

En ciencias, el 21%.

Casi ningún alumno alcanzó los niveles altos de desempeño en las tres materias.

El alumno que sí lo alcanzó tuvo un accidente en moto al día siguiente...*

Hablemos sólo del área de lectura en esta ocasión, porque una sobredosis de depresión nunca es buena.

El nivel 2 no es literatura comparada ni descifrar a Borges afiebrado: es poder identificar la idea principal de un texto, localizar información y reflexionar de manera básica sobre lo leído.

Aparte de nuestro finado motorista, prácticamente ningún estudiante guatemalteco llegó a los niveles 5 o 6 de lectura, donde ya hablamos de comprender textos largos, manejar conceptos abstractos y distinguir hechos de opiniones utilizando pistas implícitas.

Entonces no debería extrañarnos que quieras explicar qué es un HORMUZ y te respondan con barricadas, fuego y una revolución liderada por César, el mono.

Estamos PISA-2.

(Este chiste fue diseñado, de acuerdo con las estadísticas anteriores, para insultarte en tu propio nivel de comprensión lectora: corto, vulgar y bobo).

Es una mentira que estemos alfabetizados.

Estamos confundiendo la línea de salida con la meta.

Tal vez ahora quede más claro cuando uno repite y repite:

“No basta con leer. Hay que comprender.”

No basta con agarrar un lápiz y garabatear las iniciales de tu nombre.

Tienes que:

* Comprender qué dicen las palabras y utilizar esa información: alfabetización funcional.

* Relacionar ideas, cuestionarlas, detectar contradicciones, evaluar evidencia y construir conclusiones propias: alfabetización intelectual.

Pero noooo...

Entonces ahí estás gritando consignas.

Cortas, porque las largas te marean:

“No al subsidio”.

“Culpa del presidente”.

Prueba ahora gritar esta consigna: “Gasolina cara por Hormuz”, mastica chicle y da un paso.

Pero tengo que admitir algo: la debacle de la lectura no ocurre sólo en Guatemala.

Es un fenómeno global que coincide con la expansión de las pantallas y con una transformación radical en la manera en que consumimos información: redes sociales, notificaciones, videos cortos, titulares, fragmentos, estímulos constantes.

Nos estamos habituando a no razonar largamente.

La comunicación política se vuelve más primitiva y tribal.

Y estamos tratando de enseñar comprensión lectora a los niños dentro de un ecosistema tecnológico optimizado para interrumpirlos cada nueve segundos.

Eso es verdad.

También es verdad que a nosotros nos pega más duro porque estamos en el fondo de la tabla.

Mira: estamos solos.

A estas alturas debería quedarte claro que ni el sistema, ni el gobierno, ni alguna fuerza internacional de ocupación van a venir a salvarnos.

Nos tenemos que salvar nosotros.

Hay que empezar por uno mismo y por las personas cercanas.

Leer.

Comprender.

Preguntar.

Contrastar.

Enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo.

No será fácil.

Pero quizá habremos conseguido finalmente llegar al siglo XX cuando, como nación, alguien nos presente un dato y seamos capaces de responder:

“Espera. Eso no cuadra. Explícamelo otra vez.”

Y entonces, tal vez, estaremos preparados para empezar a resolver la crisis cognitiva del siglo XXI.

Verás...

la gasolina es lo de menos...

*






* Nota al pie de página: El accidente es ficticio, pero producimos tan poco talento y lo exponemos a la violencia vial, irresponsabilidad, malas decisiones y entornos precarios que el chiste no habla bien de nosotros...