El informe PISA (Programme for International Student Assessment) es un estudio internacional realizado por la OCDE que mide el rendimiento académico de estudiantes de 15 años en matemáticas, ciencias y lectura.
Su objetivo es proporcionar datos que permitan a los países analizar sus sistemas educativos, orientar políticas públicas y mejorar sus resultados.
Y, como suele pasar en los eventos internacionales donde el esfuerzo individual no es factor, Guatemalita fue Guatemalita.
8% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo en matemática.
En lectura, apenas el 17%.
En ciencias, el 21%.
Casi ningún alumno alcanzó los niveles altos de desempeño en las tres materias.
El alumno que sí lo alcanzó tuvo un accidente en moto al día siguiente...*
Hablemos sólo del área de lectura en esta ocasión, porque una sobredosis de depresión nunca es buena.
El nivel 2 no es literatura comparada ni descifrar a Borges afiebrado: es poder identificar la idea principal de un texto, localizar información y reflexionar de manera básica sobre lo leído.
Aparte de nuestro finado motorista, prácticamente ningún estudiante guatemalteco llegó a los niveles 5 o 6 de lectura, donde ya hablamos de comprender textos largos, manejar conceptos abstractos y distinguir hechos de opiniones utilizando pistas implícitas.
Entonces no debería extrañarnos que quieras explicar qué es un HORMUZ y te respondan con barricadas, fuego y una revolución liderada por César, el mono.
Estamos PISA-2.
(Este chiste fue diseñado, de acuerdo con las estadísticas anteriores, para insultarte en tu propio nivel de comprensión lectora: corto, vulgar y bobo).
Es una mentira que estemos alfabetizados.
Estamos confundiendo la línea de salida con la meta.
Tal vez ahora quede más claro cuando uno repite y repite:
“No basta con leer. Hay que comprender.”
No basta con agarrar un lápiz y garabatear las iniciales de tu nombre.
Tienes que:
* Comprender qué dicen las palabras y utilizar esa información: alfabetización funcional.
* Relacionar ideas, cuestionarlas, detectar contradicciones, evaluar evidencia y construir conclusiones propias: alfabetización intelectual.
Pero noooo...
Entonces ahí estás gritando consignas.
Cortas, porque las largas te marean:
“No al subsidio”.
“Culpa del presidente”.
Prueba ahora gritar esta consigna: “Gasolina cara por Hormuz”, mastica chicle y da un paso.
Pero tengo que admitir algo: la debacle de la lectura no ocurre sólo en Guatemala.
Es un fenómeno global que coincide con la expansión de las pantallas y con una transformación radical en la manera en que consumimos información: redes sociales, notificaciones, videos cortos, titulares, fragmentos, estímulos constantes.
Nos estamos habituando a no razonar largamente.
La comunicación política se vuelve más primitiva y tribal.
Y estamos tratando de enseñar comprensión lectora a los niños dentro de un ecosistema tecnológico optimizado para interrumpirlos cada nueve segundos.
Eso es verdad.
También es verdad que a nosotros nos pega más duro porque estamos en el fondo de la tabla.
Mira: estamos solos.
A estas alturas debería quedarte claro que ni el sistema, ni el gobierno, ni alguna fuerza internacional de ocupación van a venir a salvarnos.
Nos tenemos que salvar nosotros.
Hay que empezar por uno mismo y por las personas cercanas.
Leer.
Comprender.
Preguntar.
Contrastar.
Enseñar a nuestros hijos a hacer lo mismo.
No será fácil.
Pero quizá habremos conseguido finalmente llegar al siglo XX cuando, como nación, alguien nos presente un dato y seamos capaces de responder:
“Espera. Eso no cuadra. Explícamelo otra vez.”
Y entonces, tal vez, estaremos preparados para empezar a resolver la crisis cognitiva del siglo XXI.
Verás...
la gasolina es lo de menos...
*
* Nota al pie de página: El accidente es ficticio, pero producimos tan poco talento y lo exponemos a la violencia vial, irresponsabilidad, malas decisiones y entornos precarios que el chiste no habla bien de nosotros...