Batfink ha dicho
Para renacer, primero debes morir
viernes, 3 de abril de 2026
miércoles, 25 de marzo de 2026
La IA no nivela a todos hacia arriba - Amplifica lo que ya eres
Hay quien asegura, con la gravedad de un notario que certifica una defunción, que la inteligencia artificial no genera valor. Lo dicen con voz firme, como quien anuncia que el mar no moja, y acto seguido se secan las manos con una toalla invisible.
Yo, que no soy notario pero sí bastante curiosito, he visto otra cosa.
He visto a un maestro de instituto público fabricar exámenes como quien hornea pan caliente, sin sudor en la frente ni tizne en las manos. He visto a una estudiante desmenuzar casos legales con la precisión de un relojero suizo. He visto a vecinos levantar anuncios de helados con chamoy como si fueran la reencarnación de Andy Warhol en minutos. Y he visto —esto es lo más sospechoso— a un ingeniero resolver problemas que antes le tomaban días, ahora en horas, con la serenidad de quien ya ha estado ahí, aunque no haya estado.
Y entonces uno se pregunta: si eso no es valor, qué demonios es?
—“Pero eso no aparece en el PIB”, dirá usted, lector suspicaz, con esa sonrisa que mezcla duda y superioridad—.
—Tiene razón —le contesto—, tampoco aparece el cariño de una madre ni la astucia de un veterano, y sin embargo mueven el mundo con una eficacia que ya quisieran los ministerios.
La inteligencia artificial no es un genio que concede deseos. Es, más bien, un espejo que responde. Le devuelve a uno lo que uno es capaz de formular. Y aquí empieza el verdadero drama: hay quien le pide poco, y recibe poco. Y hay quien le pregunta con filo, con historia, con cicatrices… y entonces la máquina, obediente como un mayordomo inglés, se inclina y dice: “Aquí tiene, señor”, y le sirve algo que parece inteligencia, pero que en realidad es reflejo.
Por eso algunos no ven el valor. Porque no lo están poniendo.
Creen que la herramienta nivela, como si de pronto todos fuéramos virtuosos por tener un piano. Y no. El piano sigue sonando mejor en manos del que ha pasado años repitiendo escalas hasta el aburrimiento. La IA no convierte al torpe en sabio; convierte al sabio en algo peligrosamente eficiente.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante —y un poco incómoda—.
Porque el mundo no paga por lo que uno podría hacer, sino por lo que ya hacía… aunque ahora lo haga mejor. Así que el que duplica su producción con IA no necesariamente duplica su salario; lo más probable es que duplique las expectativas que pesan sobre sus hombros. Es una vieja historia: el buen caballo no recibe más avena, recibe más carga.
Sin embargo —y esto lo digo con cierto deleite—, hay un truco.
El valor no está en hacer más rápido lo mismo, sino en hacer cosas que antes no se podían hacer. En anticipar errores antes de que ocurran. En conectar piezas que otros ni siquiera ven. En convertir el caos en sistema. Ahí, querido lector, ya no hablamos de productividad. Hablamos de supervivencia… y de poder.
Porque cuando todo falla, no llaman al que preguntó rápido.
Llaman al que entendió profundo.
Y ese, curiosamente, es el que mejor conversa con la máquina.
No porque la domine, sino porque sabe qué pedirle.
Y saber qué pedir… eso, me temo, sigue siendo un arte muy humano.
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viernes, 20 de marzo de 2026
"Ctrl+Alt+PAPITAS DE TACO BELL"
En las oficinas modernas —esos templos donde el café es fuerte y las decisiones débiles— ha surgido una nueva criatura lingüística: el “Control-Alt-SUPREME”.
No es un plato.
No es una herejía.
Es ambas cosas.
El individuo que lo pronuncia no lo hace por ignorancia, que sería una excusa aceptable, sino por una fe inquebrantable en la lógica del oído, que es la más peligrosa de todas las lógicas. Porque el oído, cuando no entiende, no se rinde: inventa.
Así, la pobre y honrada tecla Suprimir —que nació humilde, trabajadora y con vocación de limpieza— ha sido elevada, por obra y gracia del desconocimiento creativo, a la aristocracia de lo Supreme, que suena a salsa extra, a papas grandes y a una felicidad que cuesta Q 35.99 más impuestos.
El fenómeno no es nuevo. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha venido corrigiendo al idioma para que coincida con su comodidad. Si la palabra es difícil, se ablanda; si es extraña, se domestica; y si no se parece a nada conocido… se la disfraza de algo que venga con queso.
Un niño, por ejemplo, no dice firetruck; dice "firefuck", otra cosa mucho más memorable y socialmente peligrosa. Y no se equivoca: optimiza. Reduce la distancia entre lo que oye y lo que puede pronunciar, sacrificando la exactitud en el altar de la eficiencia. Un ingeniero, enfrentado a una tecla ambigua, hace exactamente lo mismo, solo que con más corbata.
De modo que no nos engañemos: cuando alguien dice “Control-Alt-SUPREME”, no está cometiendo un error. Está participando, sin saberlo, en la eterna rebelión del hablante contra el diccionario. Está diciendo: “Señor idioma, usted será muy correcto, pero yo tengo hambre… y esto suena mejor.”
Es incorrecto?
Por supuesto.
Es inevitable?
También.
Porque el lenguaje no es una institución seria, aunque lo parezca. Es un club social con mala memoria, donde las palabras entran con traje y terminan en camiseta. Y si dentro de quinientos años alguien escribe en un documento oficial: “Presione Control-Alt-Supreme para reiniciar la existencia”, no será una decadencia…
Será tradición.
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jueves, 19 de marzo de 2026
"Israel y Estados Unidos atacan South Pars, el yacimiento de gas más grande del mundo"
A veces olvido que son unos malditos
martes, 17 de marzo de 2026
Consejo de Charly
lunes, 16 de marzo de 2026
NATO plz send help ..
sábado, 14 de marzo de 2026
jueves, 12 de marzo de 2026
Tratado breve sobre la Inteligencia Artificial, las Facturas y la Misteriosa Voluntad del Dueño
Hay en las empresas modernas un fenómeno curioso que merece la atención de los filósofos, de los ingenieros y, en casos extremos, de los contadores: la firme convicción de que cualquier problema humano puede resolverse con un dashboard.
Durante siglos, los comerciantes resolvieron el problema de a quién pagar primero con métodos simples y eficaces. Estos métodos incluían:
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El miedo.
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La conveniencia.
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El proveedor que amenazaba con dejar de entregar tornillos.
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El que llamaba todos los días.
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El que era amigo del dueño.
Este sistema, imperfecto pero funcional, tenía una gran ventaja: no requería servidores, APIs ni prompts.
Pero el progreso, que es una fuerza irresistible y ligeramente neurótica, decidió que aquello era demasiado sencillo.
Entonces aparecieron los dashboards.
Y con los dashboards llegaron los algoritmos.
Y con los algoritmos llegó finalmente la Inteligencia Artificial, que es una cosa admirable que sabe resumir novelas, escribir poemas, explicar física cuántica y, aparentemente, decidir qué factura pagar primero en una granja.
Así nació el nuevo sistema moderno de priorización de pagos:
Facturas → pipeline → n8n → modelo de IA → ranking → dashboard → dueño
El lector atento notará que el sistema termina exactamente en el mismo lugar que terminaba hace dos siglos:
el dueño.
Sin embargo, el trayecto ahora es mucho más elegante.
La heurística y la fe
En medio de este despliegue tecnológico surge una expresión maravillosa: fe heurística.
A primera vista parece un oxímoron, como “silencio atronador” o “ingeniero que ama las reuniones”. Pero si lo pensamos bien, describe perfectamente el estado mental de nuestra época.
La heurística es el arte de tomar decisiones con información incompleta.
La fe es la confianza en algo que no podemos demostrar.
La Inteligencia Artificial moderna es, en muchos casos, la unión matrimonial de ambas cosas.
El ingeniero introduce un prompt de veinte párrafos explicando cómo priorizar facturas, y el modelo —tras reflexionar con admirable entusiasmo probabilístico— produce una lista ordenada que parece razonable.
Si el resultado es convincente, el ingeniero exclama:
—¡La IA entiende el negocio!
Si el resultado es extraño, el ingeniero exclama:
—¡Hay que ajustar el prompt!
En ambos casos, el sistema continúa funcionando con admirable dignidad.
La ilusión de la bala de plata
Desde tiempos remotos, los ingenieros buscan una solución definitiva para la complejidad. Esa solución ha recibido muchos nombres a lo largo de las décadas:
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frameworks milagrosos
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arquitecturas revolucionarias
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metodologías definitivas
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plataformas low-code
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inteligencia artificial
Todas prometen lo mismo: ordenar el caos humano mediante tecnología.
El problema es que el caos humano es extraordinariamente resistente a la automatización.
Un proveedor puede ser crítico no porque su factura sea grande, sino porque su dueño juega dominó con el dueño de la empresa.
Otro proveedor puede esperar tranquilamente seis meses porque sabe que al final le pagarán.
Un tercero puede provocar un terremoto administrativo con una sola llamada telefónica.
Ninguno de estos factores suele aparecer en la tabla facturas.
El algoritmo invisible
Por esta razón, muchas empresas terminan operando con un algoritmo que jamás fue programado pero que todos conocen:
prioridad_real = criterio_del_dueño
Este algoritmo tiene varias características notables:
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no está documentado
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no es reproducible
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cambia con el humor del día
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y, sorprendentemente, suele funcionar
Los dashboards modernos no sustituyen este algoritmo.
Simplemente le preparan el escenario.
El dueño abre el dashboard, observa el ranking generado por la Inteligencia Artificial, lo contempla con la misma atención que un emperador romano mirando el circo… y finalmente decide pagar tres facturas completamente distintas.
La Inteligencia Artificial, por supuesto, no se ofende.
Los algoritmos tienen una virtud que los humanos envidian: no tienen ego.
Conclusión provisional
La lección de todo esto es curiosa y profundamente humana.
La tecnología puede ordenar datos, calcular prioridades y producir dashboards hermosos que hacen latir más rápido el corazón de los departamentos de IT.
Pero la decisión final, especialmente cuando hay dinero, proveedores y reputaciones en juego, sigue siendo una mezcla misteriosa de experiencia, intuición y relaciones humanas.
En otras palabras:
El negocio no necesita solamente datos.
Necesita criterio.
Y el criterio —para frustración de ingenieros, científicos de datos y modelos de lenguaje— todavía no se puede instalar con pip.
Epílogo
Si algún día la Inteligencia Artificial logra descifrar por completo el algoritmo mental del dueño, ese día habremos alcanzado el sueño definitivo de la ingeniería empresarial.
Hasta entonces, el sistema seguirá funcionando como siempre:
IA recomiendadashboard muestraingenieros discutenproveedores llamany el dueño decide
Lo cual demuestra, con cierta elegancia, que la tecnología avanza…
pero la naturaleza humana mantiene el control del teclado.
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jueves, 5 de marzo de 2026
Aunque la gasolina se ponga cara...
lunes, 2 de marzo de 2026
Doom Scrolling en el TikTok del Infierno
El Trumpito es un creador de contenido diabólico en busca de likes
Abro el teléfono.
No para trabajar.
No para hablar con mi familia.
No para aprender algo.
Lo abro para mirar cómo se desmorona el mundo en formato vertical.
Swipe.