miércoles, 20 de mayo de 2026

No que no

Quédate sin tokens en medio de un proyecto urgente 

o en medio de un examen 

o una sesión de trabajo grupal 

Y me cuentas como era que la IA no te generaba valor...

*

lunes, 18 de mayo de 2026

viernes, 15 de mayo de 2026

jueves, 14 de mayo de 2026

El top de YouTube, 2026

T-Series, MrBeast y Cocomelon son dos templos distintos del mismo dios: 

reward...

Y el algoritmo, con cara de sacerdote electrónico, murmura:

“Otra vez.”

*

martes, 12 de mayo de 2026

Late night multiverse

I love these guys

Son como los Avengers para el adulto mayor contra un Thanos anaranjadito...

*

miércoles, 6 de mayo de 2026

sábado, 2 de mayo de 2026

Wrong - Depeche Mode

Wrong 
Wrong 
Wrong 
Wrong 

I was born with the wrong sign
In the wrong house
with the wrong ascendancy
I took the wrong road
That led to
The wrong tendencies

I was in the wrong place
At the wrong time
For the wrong reason and the wrong rhyme
On the wrong day
Of the wrong week
Used the wrong method with the wrong technique

Wrong
Wrong

There's something wrong with me 
chemically
Something wrong with me inherently
The wrong mix
In the wrong genes
I reached the wrong ends by the wrong means

It was the wrong plan
In the wrong hands
The wrong theory for the wrong man
The wrong eyes
On the wrong prize
The wrong questions with the wrong replies

Wrong
Wrong

I was marching to the wrong drum
With the wrong scum
Pissing out the wrong energy
Using all the wrong lines
And the wrong signs
With the wrong intensity

I was on the wrong page
Of the wrong book
With the wrong rendition of the wrong look
With the wrong moon
every wrong night
With the wrong tune playing 'till it sounded right, yeah

Wrong
Wrong

Too long

Wrong
Too long
Wrong
Too long
Wrong
Too long
Wrong
Too long

I was born with the wrong sign
In the wrong house
with the wrong ascendancy
I took the wrong road
That led to
The wrong tendencies

I was in the wrong place
At the wrong time
For the wrong reason and the wrong rhyme
On the wrong day
Of the wrong week
Used the wrong method with the wrong technique

Wrong 

*

viernes, 1 de mayo de 2026

La explicación matemática a la no- matemática de un tipo anaranjado

Claro. Ahora todo empieza a tener una arquitectura casi perfecta.

Porque, pensándolo bien, cómo vas a dejar los aranceles —esa artillería de porcentajes con casco y bayoneta— en manos de un tipo que no distingue una reducción del 1,500% de una rebaja de calcetines en almacén de pueblo?

“Reducimos los precios en un 1,500%”, dice.

Y sus cortesanos, que no están para pensar sino para inclinarse, salen inmediatamente a explicar que se trata de “otra forma de calcular”, de una “matemática alternativa”, o incluso de algo “demasiado alto para calcularse”. Es decir, las mismas excusas que da un niño de primaria cuando la maestra le pregunta cuánto es siete por ocho y él responde: “depende del enfoque geopolítico”.

Pero lo verdaderamente alarmante no es que el emperador haya confundido la aritmética con la pirotecnia. Lo alarmante es que su base de gorritas rojas no oiga la explosión.

Porque si usted no detecta que una reducción del 1,500% es una barbaridad con corbata, entonces también se traga completo el cuento de que una buena nota en un examen destinado a comprobar si todavía distingue un elefante de un inodoro (o si el golpe en la cabeza fue lo bastante severo como para olvidar el himno nacional) equivale a ganarse una medalla olímpica.

Y con esa artillería pretenden declararle la guerra económica a China, país donde los niños nacen con un ábaco bajo el brazo y probablemente calculan derivadas antes de decir "papá".

Pero lo más interesante —lo más deliciosamente espantoso— es esto: si no entiendes porcentajes, no entiendes proporciones; si no entiendes proporciones, no entiendes matemáticas... Cómo estarán tus bases para entender de lógica? Ciertamente no te alcanzarán para mucho... 

Y de pronto, sin necesidad de otra explicación, muchas cosas empiezan a tener sentido...

*

jueves, 30 de abril de 2026

La Cofradía Irreverente de los Late Night Shows

Un panfleto para crédulos, incrédulos y otros animales de compañía

I. Donde se demuestra que el bufón es hoy el único cartógrafo de la verdad

El humor, señores, no sustituye al periodismo; lo engulle, lo digiere y lo devuelve convertido en una carcajada que quema como un buche de gasolina. En una democracia con los pesos y contrapesos convenientemente secuestrados —y no me refiero a un secuestro exprés de los que salen en los telediarios, sino a ese otro secuestro de salón, con corbata, toga, maquillaje y argumentos jurídicos que huelen a naftalina y a traición—, el bufón de la corte asciende de categoría. Se convierte en el único ser humano que puede pronunciar la verdad sin que lo silencien inmediatamente, o sin que lo desacrediten del todo, porque siempre queda el recurso de decir: "Pero si solo es un cómico, no ven que lleva corbata de lunares?".

Y en esa cofradía de la irreverencia, mis santos patronos tienen nombre y late night show: 

Kimmel, que maneja la indignación del ciudadano medio como quien maneja un martillo pilón; 

Fallon, que disfraza su escepticismo de simpatía para que el veneno se lo beban a gusto hasta los propios envenenadores; 

Colbert, que lleva años haciendo del conservadurismo una caricatura tan perfecta que el conservadurismo, confundido, acabó votándola sin darse cuenta de que era su propio obituario; 

Stewart, el profeta retirado que regresa cada cierto tiempo como un Moisés con gafas de pasta a recordarnos que seguimos adorando becerros de oro, pero ahora los becerros son naranjas y tuitean; 

John Oliver, que te explica en veinte minutos lo que la universidad no te enseñó en un máster, usando un pato de goma como testigo pericial; 

Seth Meyers, que convierte la actualidad en una corrección fraterna pasada de gin-tonic; 

y Maher, el primo cínico y desencantado que ya ni se molesta en tener esperanza, pero que sigue ahí, dando caña a diestro y siniestro porque no sabe hacer otra cosa y, francamente, porque la humanidad le debe el espectáculo.

II. Donde se descubre que el lector es miope, el autor guatemalteco y el mundo un pañuelo

El Lector: Pero si vos sos de Guatemala. Háblame del precio del frijol, del tapón de la Roosevelt, del alcalde de tu pueblo. Qué te importa lo que haga el late night americano?

Me: Au contraire mon ami lecturé motherfucké

Negativo, mi estimado, mi severo, mi inconmensurablemente distraído lector, que me cuestionas con la frecuencia de un reloj parado y con la misma precisión. Yo no soy de Guatemala: yo soy ciudadano de la aldea global, una aldea donde los únicos que no pagan peaje son los que ya han comprado al que cobra el peaje. Y todo conecta, querido topo, todo repercute. Que tú no lo veas es otra cosa, exactamente la misma otra cosa que te impide ver el ombligo sin usar un espejo o la razón sin usar un prejuicio.

III. Donde se explica lo que usted ya debería saber si no estuviera tan ocupado echándole la culpa al surtidor

Porque, dime, criatura de Dios: acaso no te suena el paralelismo? Orbán, el gerrymandering y el MP de Consuelo Porras forman un menú degustación que ya hubiera querido Maquiavelo para sus banquetes. Es la captura de las instituciones, alma mía, el desmantelamiento de la oposición por la vía legal, el "todo es conforme a derecho mientras yo controle al que dicta el derecho". Orbán despedazaba Hungría con la paciencia de un relojero suizo que odia los relojes; la Corte Suprema de Estados Unidos vacía la Ley del Voto como quien vacía un barril de petróleo para meter arena; y aquí, en nuestra patria de volcanes y suspiros, el Ministerio Público se convierte en una agencia de colocación de impunidades. 

Te suena? Pues claro que no te suena, porque estabas mirando el precio de la gasolina y pensando que la culpa era del presidente de turno, o de los gasolineros, o de la señora que te vende las tortillas.

Error de principiante. El presidente, los gasolineros y la pobre señora tienen tanto que decir sobre el desastre como tú o como yo: es decir, pueden quejarse, pagar y obedecer. El verdadero promotor de este desmadre gratuito, el verdadero responsable de que una salida a Taco Bell te cueste tres dígitos y un ataque de ansiedad, es un tipo anaranjado —no el de una frutería, sino el otro, el del salón de eventos con complejo de Versalles— que lleva años dedicándose a jugar al ajedrez con fichas humanas mientras tú y yo discutimos sobre el IVA.

IV. Donde se reivindica al bufón y se le ofrece un asiento en el Consejo de Estado (que él rechazará por cortesía)

Ojalá fuera mentira. Ojalá todo esto no fuera más que un guion rechazado de un late night, un monólogo demasiado salvaje para Meyers, demasiado nihilista para Maher. Pero no: la realidad ha decidido hacer horas extra como guionista de distopías.

Mientras los canales certificados se pelean por el adjetivo exacto y los periódicos serios ofrecen dos páginas de contexto que nadie lee, los bufones, con una broma, un montaje y una ceja arqueada, nos devuelven la única noticia que importa: que esto es una locura, que el rey está desnudo y que el sastre es además el ministro de Justicia. Ellos no informan: interpretan, maldicen y traducen a idioma humano lo que los expertos enmascaran con sintaxis de sentencia judicial. 

Ríase usted, lector, de los bufones. Pero sepa que, en un mundo donde la verdad ha sido declarada fake news por decreto, la última trinchera de la cordura puede ser, precisamente, un chiste. 

Y el último resistente, un tipo con escritorio, sillón y micrófono.

*

lunes, 20 de abril de 2026

Por qué le creen...

A estás alturas hay que ser muy crédulo para creerle cualquier cosa al anaranjadito 

El tipo manipula el mercado con mentiras - está bastante claro pero aunque tengas pruebas, están blindados (ehem-ehem Epstein files) 

Lo entusiasmados que estaban los noticieros el viernes... Y las redes...

No aprenden...

*

jueves, 16 de abril de 2026

Piñas, grasa visceral y amistades

Para mi buen amigo, Gio


Hay amistades que se prueban en la adversidad, otras en la lealtad… y algunas, como la mía con aquel buen compañero de trabajo, en el pasillo de los aceites del supermercado.

—Acompáñame —me dijo con una solemnidad que uno reserva para los entierros o las bodas.

Y yo, que soy amigo fiel pero no necesariamente prudente, lo acompañé.

Llegamos al Paíz y caminamos en silencio hasta el estante donde reposaban, alineadas como soldados de infantería aceitosa, las botellas de oliva. Allí se detuvo, tomó una, la miró como quien evalúa el destino y, girándose hacia mí, formuló la pregunta más inquietante que jamás haya escuchado en un supermercado:

—Cuál de estos aceites es más rico…?

—Para ensaladas o carne el de oliva te convie... 

—Yo digo para tomar

—Wot...

Hubo un silencio. Un silencio denso. Un silencio bien aceitoso.

—Ninguno —respondí, con la claridad de quien aún confía en la lógica del universo.

Entonces me explicó. Siempre hay una explicación. A veces innecesaria, pero siempre hay.

Un doctor —y ya sabemos que cuando aparece un doctor en una historia, la historia deja de ser inocente— le había prescrito un tratamiento revolucionario: una piña diaria, entera, triturada o mascada según el humor del paciente, durante 10 días... Y como golpe final, un acto que podríamos calificar de heroico o de insensato, según el intestino del implicado:

beberse un bote entero de aceite.

—Para bajar la grasa visceral —añadió, como quien dice “para el polvo en los muebles”.

Yo asentí, porque en ese momento comprendí que no estaba allí como consejero, sino como testigo. Y los testigos, como es sabido, no intervienen: narran.

Al fin eligió un aceite de oliva con especias. Siempre hay un toque gourmet en las tragedias modernas.

Regresamos a la oficina sin decir mucho. Él marchó a su escritorio con su destino líquido oculto en la proverbial bolsa de plástico amarilla, y yo regresé a mi puesto con la incómoda sensación de haber participado, aunque fuera por omisión, en un experimento de consecuencias inciertas.

Al día siguiente no se apareció al laburo

No hubo paseo. No hubo supermercado. No hubo piña.

Hubo, sí, una llamada.

—Soy yo... no digas nada —susurró con la voz de quien ha visto cosas... cosas que ningún hombre debería ver.  —Si preguntan por mi... no vayas a contar a donde fuimos ayer.

—Y eso como por qué?

—Desde que me desperté no he dejado de CAGAR... 

Y colgó.

Nunca volví a mirar una botella de aceite de la misma manera. Y cada vez que paso por la sección de frutas, hay una piña que, inexplicablemente, parece observarme con una mezcla de compasión y advertencia.

Porque hay decisiones en la vida que engrandecen nuestras ensaladas…

y otras que nos arrastran, sin dignidad pero con urgencia, hacia la gélida intimidad del trono de porcelana...


**

lunes, 13 de abril de 2026

Trumpinflas: El arte de ganar perdiendo pero ganando

Periodista:
Señor, usted insiste en que “ganaron” en el estrecho… puede explicarlo claramente?

Trumpinflas:
Pero claro! Nosotros ganamos ganado… digo, ganamos ganando. Porque una cosa es haber ganado, y otra muy distinta es tener ganado. Y déjeme decirle que nosotros tenemos mucho ganado…  pero hablando lo que se dice en términos bovinos.

Periodista:
Entonces… no es una victoria militar?

Trumpinflas:
Pues esa digo yo que viene siendo una victoria conceptual. Porque cuando uno tiene ganado, ya ganó algo… aunque no sepa exactamente qué fue lo que ganó. Y eso, joven, es ganancia pura.


Periodista:
También dijo que necesitaba apoyo de la OTAN...

Trumpinflas:
No, no, no… ahí hay una confusión muy común. Yo no dije que necesitaba apoyo… dije que necesitaba a Pollo.

Periodista:
A… quién?

Trumpinflas:
A Pollo. Un tipazo. Muy respetado en el ámbito internacional… bueno, no tanto internacional, más bien local, pero con potencial global. El problema es que lo confundieron con “apoyo”, y ahí se armó todo este malentendido.

Periodista:
Y quién es Pollo exactamente?

Trumpinflas:
Eso es lo de menos. Lo importante es que cuando uno necesita a Pollo, no necesariamente necesita apoyo… pero puede parecer que sí, dependiendo de cómo se escuche lo que no se dijo.

Periodista (ya de malas):
Entonces… ganaron ganado y no necesitaban apoyo sino a Pollo?

Trumpinflas:
Exactamente. Y fíjese qué interesante: ni el ganado era ganado, ni Pollo era apoyo… pero todo funcionó como si lo fuera. Y cuando algo funciona como si fuera, sin serlo del todo, entonces es cuando realmente es.


Periodista:
También se mencionó que consideró eliminar una civilización completa…

Trumpinflas:
Bueno, eso fue un malentendido bien entendido. Yo dije que podría hacerlo, pero no lo hice porque ya lo había pensado… y cuando uno piensa algo tan fuerte, ya no hace falta hacerlo, porque queda hecho en potencia.

Periodista:
Eso suena… preocupante.

Trumpinflas:
Al contrario, es tranquilizante. Porque lo que no se hace, no se deshace… y por lo tanto, permanece en el orden del no-desorden.

Periodista:
Y la imagen suya como Jesús…

Trumpinflas (ajustándose la corbata):
Eso no fui yo… o sí fui yo, pero no en el sentido literal de haber sido yo siendo yo. Fue una representación representativa de algo que representaba lo que yo represento… aunque después representé que no lo representaba.

Periodista:
Pero luego dijo que era un doctor…

Trumpinflas:
Exacto. Porque cuando uno cura, es doctor… y cuando salva, es otra cosa. Entonces preferí quedarme con lo médico, que es más científico, aunque no necesariamente más comprobable.


Periodista:
Señor, se ha informado que usted planea eliminar el bloqueo de Irán… bloqueando el estrecho de Ormuz. No es contradictorio?

Trumpinflas (serio, casi ofendido):
Para nada! Lo que pasa es que usted está viendo el bloqueo desde una perspectiva bloqueada. Mire, hay bloqueos que bloquean… y hay bloqueos que desbloquean bloqueando. Nosotros aplicamos el segundo. Es una técnica muy avanzada: usted bloquea el bloqueo original, y al bloquearlo, lo deja sin bloqueo… porque queda doblemente bloqueado.

Periodista:
Eso suena como… más bloqueo.

Trumpinflas:
Ahí está el error. Porque cuando algo está bloqueado una vez, está bloqueado. Pero cuando está bloqueado dos veces… se cancela el bloqueo. Es como multiplicar negativos, pero sin matemáticas.

Periodista:
Entonces bloquear el estrecho es una forma de liberar el paso?

Trumpinflas:
Exactamente. Usted lo ha entendido mal… pero bien. Porque al impedir que pase lo que no queremos que pase, permitimos que pase lo que sí queremos que pase… aunque tampoco pase del todo.

Periodista:
Y eso beneficia a quién?

Trumpinflas:
A todos… y a nadie. Porque si todos se benefician, nadie puede quejarse, y si nadie se queja, entonces el bloqueo deja de existir en términos prácticos, aunque siga ahí estratégicamente.

Periodista (rendido):
Entonces… cuál es el resumen?

Trumpinflas:
Muy sencillo: hicimos todo sin hacer nada, ganamos sin terminar de ganar, pedimos ayuda sin necesitarla, evitamos destruir lo que no destruimos… y todo eso, joven, es un éxito que no se puede explicar… pero se explica solo.


***