Batfink ha dicho
Para renacer, primero debes morir
lunes, 19 de enero de 2026
domingo, 18 de enero de 2026
Guatemala entrando al siglo XX - de las orejas
viernes, 16 de enero de 2026
El Play Cerebral
Tengo una teoría
No la aprendí en ningún conservatorio (me echaron, recuerdas?) ni libro de armonía.
La aprendí tocando en bares, con equipos malos, músicos desparejos y públicos impredecibles.
Cuando tocas una canción, no solo tocas tu instrumento.
Tocas también el cerebro de la gente —como un instrumento más.
Y el cerebro —cuando conoce una canción— es un instrumento formidable.
He visto esto pasar mil veces:
el audio es terrible, la voz no se entiende, una guitarra va tarde, la batería se cae…
Y aún así, la gente sonríe, canta, se emociona.
Por qué?
Porque no están escuchando lo que suena.
Están escuchando la canción que ya tienen cargada en la RAM de su cabeza.
La música real ocurre ahí dentro.
El músico apenas activa algo:
marca el tempo, sugiere el arranque, insinúa la forma.
Y el público hace click.
Le da play a su propia versión perfecta.
Eso explica cosas que desconciertan a los músicos obsesionados con la ejecución:
- Puedes dejar de cantar y el público sigue.
- Puedes tocar mal y la canción “suena bien”.
- Puedes equivocarte y nadie se da cuenta.
No porque no importe cómo tocas.
Sino porque la memoria auditiva funciona como un CODEC viejo que completa los vacíos.
El cerebro es un gran restaurador de música perdida.
Por eso, cuando alguien canta a coro, no está repitiendo una letra:
está reviviendo un recuerdo.
Y los recuerdos siempre suenan mejor que la realidad.
Por eso es que
la música más efectiva no siempre es la mejor tocada,
sino la mejor dejada incompleta.
El silencio, cuando cae en el lugar correcto, es una invitación.
Y si el público entra, la canción ya no te pertenece.
Dejar de tocar —a tiempo—
no es falta de recursos.
Es comprensión profunda.
La búsqueda de protagonismo es antimusical.
Porque la música no quiere ser mirada: quiere ser habitada.
Cuando entiendes esto, cambia todo:
Dejas espacio.
Confías.
Te retiras medio paso.
Y entonces ocurre lo más bello:
la canción no suena afuera…
suena dentro de todos al mismo tiempo.
Eso es el play cerebral.
Y cuando se activa, da igual si eres el mejor músico del mundo.
La canción ya se está tocando sola.
*
jueves, 15 de enero de 2026
Predicción
martes, 13 de enero de 2026
Nadie sabe lo que tiene
domingo, 11 de enero de 2026
sábado, 10 de enero de 2026
No corras enfrente de ICE
viernes, 9 de enero de 2026
Forastero
Me alegra no "agarrarte la onda" - es un cumplido para mí
La lógica del caos no es lo mío
Me alegra ser la amenaza
Mi sola presencia desmiente tu "normalidad"
No comparto los códigos
No celebro las mismas cosas
No justifico lo injustificable
No llamo “destino” al abandono
No me lo perdonas - por mí no hay problema...
Donde manda la costumbre, la lealtad mal entendida, el miedo, la supervivencia inmediata - no manda la razón y hasta terminas siendo el enemigo...
Entiendo que no todos los incendios admiten baldes de agua.
Lo acepto - eso no me vuelve indiferente. Me vuelve responsable.
Yo decido dónde pongo la energía y qué batallas no son mías
Porque hay tragedias que no se resuelven con heroísmo
sino con límites.
*
martes, 6 de enero de 2026
sábado, 3 de enero de 2026
Manual breve de cómo mandar un mensaje sin usar palabras
Elegir bien al castigado
Diplomáticos cerca, nervios lejos
Y por qué no México?
Tarifas, helicópteros y votos
Moraleja no solicitada
Error clásico: creer que eliminado el tirano, aparece el estado
viernes, 2 de enero de 2026
Si nosotros no cambiamos
domingo, 28 de diciembre de 2025
lunes, 22 de diciembre de 2025
La contención del hombre
El ser humano no está contenido por casualidad.
Vivimos en un planeta aislado, frágil, rodeado de distancias tan inconcebibles que rozan lo absurdo. Morimos. Envejecemos. Olvidamos. Todo en nuestra existencia parece diseñado para limitar, no para expandir sin freno. Y quizá ahí está la clave.
Durante mucho tiempo creímos que el problema era técnico: si tuviéramos mejores máquinas, mejores sistemas, mejores armas incluso, todo se ordenaría. La historia demuestra lo contrario.
sino si hemos desarrollado el espíritu necesario para merecer salir de la jaula.