Tengo una teoría
No la aprendí en ningún conservatorio (me echaron, recuerdas?) ni libro de armonía.
La aprendí tocando en bares, con equipos malos, músicos desparejos y públicos impredecibles.
Cuando tocas una canción, no solo tocas tu instrumento.
Tocas también el cerebro de la gente —como un instrumento más.
Y el cerebro —cuando conoce una canción— es un instrumento formidable.
He visto esto pasar mil veces:
el audio es terrible, la voz no se entiende, una guitarra va tarde, la batería se cae…
Y aún así, la gente sonríe, canta, se emociona.
Por qué?
Porque no están escuchando lo que suena.
Están escuchando la canción que ya tienen cargada en la RAM de su cabeza.
La música real ocurre ahí dentro.
El músico apenas activa algo:
marca el tempo, sugiere el arranque, insinúa la forma.
Y el público hace click.
Le da play a su propia versión perfecta.
Eso explica cosas que desconciertan a los músicos obsesionados con la ejecución:
- Puedes dejar de cantar y el público sigue.
- Puedes tocar mal y la canción “suena bien”.
- Puedes equivocarte y nadie se da cuenta.
No porque no importe cómo tocas.
Sino porque la memoria auditiva funciona como un CODEC viejo que completa los vacíos.
El cerebro es un gran restaurador de música perdida.
Por eso, cuando alguien canta a coro, no está repitiendo una letra:
está reviviendo un recuerdo.
Y los recuerdos siempre suenan mejor que la realidad.
Por eso es que
la música más efectiva no siempre es la mejor tocada,
sino la mejor dejada incompleta.
El silencio, cuando cae en el lugar correcto, es una invitación.
Y si el público entra, la canción ya no te pertenece.
Dejar de tocar —a tiempo—
no es falta de recursos.
Es comprensión profunda.
La búsqueda de protagonismo es antimusical.
Porque la música no quiere ser mirada: quiere ser habitada.
Cuando entiendes esto, cambia todo:
Dejas espacio.
Confías.
Te retiras medio paso.
Y entonces ocurre lo más bello:
la canción no suena afuera…
suena dentro de todos al mismo tiempo.
Eso es el play cerebral.
Y cuando se activa, da igual si eres el mejor músico del mundo.
La canción ya se está tocando sola.
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