domingo, 18 de enero de 2026

Guatemala entrando al siglo XX - de las orejas

(That's right - XX no XXI...)

Escribo sentado.
Siempre sentado.
Nunca cómodo.

Dicen que si uno se sienta cómodo, se le acomoda también el pensamiento, y eso es letal para la literatura.

El café está hirviendo —como deben estar las verdades— y el ruido alrededor es suficiente para recordar que el mundo existe, pero no tanto como para prestarle atención.

Leo la noticia.

Alzo una ceja.

Luego la otra.

Luego una tercera que no tenía, pero que la situación exige.

—Magnífico —pienso—.

Necesitamos que venga alguien de fuera para hacer lo que llevamos un siglo prometiéndonos.

Anoto en una servilleta:

Un país que solo avanza cuando lo miran es como un niño que solo se porta bien cuando entra la maestra.

Sonrío. No por alegría, sino por economía: reírse es más barato que indignarse.

Hablan de carreteras.

Hablan de trenes.

Hablan de modernidad.

Vuelvo a alzar la ceja.

—Trenes? —murmura—.
Espléndido. Hemos decidido regresar al futuro… pero al de 1950.

El problema —pienso— no es la ayuda extranjera.

El problema es que sin testigos no hacemos nada, y con testigos hacemos lo justo para la foto.

Vuelvo a escribir:

Aquí no se pregunta “¿cómo hacemos que funcione?”, sino “¿quién se queda con algo?”

Miro alrededor.

La gente conversa.

Todos saben exactamente qué está mal.

Nadie está dispuesto a arreglarlo si no hay ganancia inmediata, o al menos la satisfacción de que el otro pierda.

—Ah, Latinoamérica— esa región donde el progreso es sospechoso y el éxito ajeno es una provocación personal.

Doy un sorbo al café.

Arrugo el ceño.

No fracasan los proyectos.
Fracasa la idea de que el bien común existe.

Cierro la libreta.

No porque haya terminado, sino porque ya dije lo suficiente para incomodar, que es el verdadero final de cualquier texto decente.

Pago.

Me levanto.

Y antes de irme dejo escrito en la última línea:

No necesitamos que nos ayuden.
Necesitamos dejar de estorbarnos.

Salgo.

Sé que el texto no cambiará nada.

Y precisamente por eso, lo escribí bien.

*