lunes, 29 de junio de 2026

DEMOCRACIA, AGUA EN POLVO Y OTROS ELECTRODOMÉSTICOS

Crónica de un viaje al interior de la máquina de picar carne con etiqueta de "máquina de hacer democracia"

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Aviso al lector: Todo lo que aquí se cuenta es rigurosamente cierto, lo cual demuestra, una vez más, que la realidad es un chiste de mal gusto que Dios se cuenta a sí mismo cuando no le ve la gracia a sus criaturas.

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I. Donde se explica cómo un péndulo puede marear a trescientos millones de personas sin mover el café

Alguna vez llegué a USA con la maleta cargada de ilusiones y la cabeza cargada de películas. Creía en el rock, en las hamburguesas y en eso que llaman democracia. Eran tres creencias, como la Santísima Trinidad, pero en profano y con más grasa saturada.

Pero con el tiempo advertí algo extraño. Aquí la política es un péndulo. Pero un péndulo extrañísimo, de feria, de esos que no oscilan de un extremo a otro sino que se mueven dentro de un arco tan pequeño que uno podría pensar que está parado. La gente grita, se enfada, se divorcia de sus amigos de Facebook porque el péndulo ha oscilado tres milímetros hacia la izquierda o cuatro milímetros hacia la derecha.

Siempre ha habido dos opciones: republicano o demócrata - nunca ha prosperado una tercera opción - nunca ha habido alianzas pluralistas - y esto es por diseño... but keep on reading...

Es café o es café descafeinado. Pero siempre es café.

El mecanismo de control es el Colegio Electoral

En el país donde vives, tu democracia tiene un colegio electoral? Probablemente no - tamizan tu voto con otros mecanismos, pero con Colegio Electoral, no.

Es una cosa tan enrevesada que si uno la explica en una cena se queda sin postre y sin amigos. Pero hay que intentarlo:

El Colegio Electoral es como un portero de discoteca. Tú crees que votas para entrar, pero en realidad el que decide es el portero. Y el portero es de Wyoming. Y Wyoming tiene tres habitantes, pero cuenta como si tuviera el Metropolitano lleno.

O sea que un señor que vive entre bisontes tiene más voto que un barrio entero de Los Ángeles.

II. Donde se descubre que los Padres Fundadores eran unos señores con peluca que no se fiaban ni de su madre

Esto no es una casualidad, porque en política no hay casualidades, como no hay vegetarianos en un asado argentino. Cómo habíamos anticipado, es por diseño

Resulta que en 1787 se reunieron unos caballeros con peluca, todos ellos muy respetables, muy cultos, muy propietarios de tierras y de personas, y se pusieron a diseñar un país. Como eran listos y desconfiados —dos cualidades que juntas dan miedo y por separado dan fracaso— decidieron que el pueblo no podía elegir directamente al presidente.

El lector: pero por qué? Acaso no estábamos en la home of the land y la brave of the free?

Yup - Pero el pueblo es tonto. Lo decían ellos, no yo. Le llamaban "la tiranía de la mayoría".  Tenían miedo de que los pobres votaran a un pobre y les subieran los impuestos.

Así que inventaron un sistema con "electores", que eran señores virtuosos que, en caso de que el pueblo se equivocara —es decir, en caso de que no votaran lo que ellos querían— podían corregir la papeleta. El segundo conteo de los votos que convienen.

Y además, como los estados del sur tenían esclavos que no votaban pero que daban mucho prestigio en las cenas, decidieron que cada esclavo contara como tres quintos de persona para calcular los electores. Ni uno, ni cero. Tres quintos. Como quien parte un pastel y se queda el trozo más grande por razones aritméticas que solo entienden los que llevan peluca.

El lector: La puta madre que me parió! - entonces la democracia más grande del mundo tiene lo mismo de democracia que la selección nacional de Francia tiene de franceses...? Cómo es posible que se haya vendido un sistema con corrector incorporado como si fuera la máxima expresión de la voluntad popular?

Porque el capitalismo no vende productos. Vende relatos. Y este es el relato más rentable de la historia.

III. Donde el autor comprendió que nunca hubo dos partidos y se le cayó el alma al suelo, pero con estilo

A mí también me vino la revelación. La grande. La que separa al niño del adulto, al creyente del apóstata. Como el día que tu papá te mandó a comprar agua en polvo a la tienda y regresaste a avisar que no había.

Nunca hubo más de un partido...

Republicanos y demócratas son el mismo partido con dos disfraces. Como el doctor Jekyll y míster Hyde, pero sin la parte de Jekyll. La gente escoge entre papá estricto o mamá protectora según convenga: Falta mano de obra barata? Queremos migrantes. - los migrantes exigen derechos? Odiamos a los migrantes - Faltan derechos civiles? Hagamos leyes inclusivas - Mucho LGBT? Deshagamos las leyes inclusivas - Necesitamos que se mueva la economía? - una guerrita no nos caería mal - ya se hartaron de las guerras? Entonces hasta nos ganamos un Nobel de la paz ..

Ambos son gerentes de la misma casa, pagada por la misma élite, y ninguno va a derribar las paredes del hogar. El votante cree que elige quién lleva las riendas, cuando en realidad solo elige el estilo de crianza para los próximos cuatro años, mientras el fideicomiso familiar permanece intocable...

Es un partido único: El Partido de la Élite. Y sí, la élite existe, y tiene cuenta corriente, y no se muda nunca.

La polarización es el producto, no el problema. Te dan a elegir entre café y café descafeinado para que no preguntes por qué no hay té, ni chocolate, ni atole de elote.

Comprendí entonces a varios de mis amigos gringos, hippies, científicos, maestros, resistentes, críticos, pensadores, que siempre miraban el american dream como quien mira un filete en casa de un vegano: con la certeza de que aquello no era comestible. Ellos ya sabían lo que dijo el profeta Carlin: "Es un club privado, y tú no estás dentro".

Me sentí huérfano, pero también ligero. Como cuando te quitan una muela picada. Duele, pero luego pasas la lengua y sientes alivio, aunque no quede nada.

IV. Epílogo con hamburguesa

Y sin embargo, el país me gusta. He vivido en él, he amado su cultura, su rock, sus hamburguesas, que son la prueba definitiva de que Dios nos quiere gordos y felices. He tenido amigos de los que te enseñan que la resistencia es una forma de elegancia.

El problema no es la gente. La gente es el producto de un relato que les vendieron envuelto en celofán constitucional. El problema es el que te vende el agua en polvo y te cobra el envío.

Me ha llegado tarde, sí. Pero ha llegado. Y ahora, cada vez que veo el péndulo oscilar, no veo izquierda ni derecha. Veo un metrónomo. Y la música que marca, aunque parezca nueva, es la misma que tarareaban los señores de las pelucas.

Así que levanto mi hamburguesa —con queso, sin bacon, que hay que cuidarse— y brindo por la lucidez tardía, por los amigos que resisten, y por la posibilidad, remota pero posible, de que algún día el agua en polvo pase de moda y volvamos a beber agua de verdad.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado, pero el autor se ha quedado sin hielo y sin esperanza, que es la mejor manera de quedarse para empezar algo nuevo.

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Fin de la crónica, mas no del asunto.

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