miércoles, 23 de septiembre de 2026

En las crisis se conoce a los amigos y a los hijos de puta

El mundo atraviesa una crisis energética extraordinaria. Las guerras han reducido exportaciones de algunos de los mayores productores, las rutas petroleras están comprometidas y parece que pronto veremos los letreritos de "no hay diesel". 

El tipo de desastre en el que una decisión tomada a diez mil kilómetros termina llegando de carambola hasta una tiendita de verduras en Guatemala.

Y ante ese problema hemos visto dos maneras muy distintas de reaccionar:

China es el mayor importador de petróleo del mundo. Antes de la guerra compraba 12 millones de barriles diarios aprox. Cuando comenzó el shock podía haber hecho lo obvio: salir al mercado con chequera en mano y competir por cada barril disponible y asegurarse primero de su propio suministro.

Pero nop. No lo hizo.

China acumuló reservas enormes —unos 1,400 millones de barriles según estimaciones de Al Jazeera— y durante el segundo trimestre redujo sus importaciones hasta unos 8.1 millones de barriles diarios:  casi cuatro millones menos que durante los primeros tres meses del año.

El efecto fue importante: el mayor comprador de petróleo del planeta retiró demanda justo cuando la oferta mundial estaba disminuyendo, ayudando a amortiguar la presión sobre los precios. China utilizó sus propios inventarios para absorber parte del golpe. 

No lo hizo porque el Partido Comunista se haya transformado súbitamente en una congregación de monjes franciscanos.

Lo hizo porque comprendió algo bastante elemental: si chinito ayuda a provocar una recesión mundial, tarde o temprano chinito no tendrá donde vender su Temu.

Es interés propio. Chinito no mula.

Pero es interés propio con conocimiento de que el resto del planeta existe...

Y entonces llegamos a USA, Trumpito & Cía.

Esta semana Trumpito apoyó la idea de impedir sus exportaciones de diésel para intentar reducir el precio dentro de USA. Su secretario del Tesoro confirmó que la administración está estudiando si una prohibición completa o parcial podía funcionar. 

Reuters ha informado que se prepara un posible veto de 90 días, aunque existen desacuerdos dentro del propio gobierno y de la industria. Algunos de sus mismos amigos han mencionado que la medida podría no funcionar e incluso podría elevar los precios de gasolina y combustible de aviación en USA. 

Clásico Trumpito que se caga en todo.

Pero lo interesante interesante no es solamente si el mecanismo funciona.

Es el instinto inicial:

China: faltan suministros - utilicemos nuestras reservas para no lanzarnos todos sobre los mismos barriles.

USA: my diesel - America First - Fuck everyone else...

Y uno tiene la curiosa sensación de haber visto esta película...

... en 2020 - en pandemia- te acuerdas?cuando el planeta buscaba desesperadamente mascarillas N95, Trumpito pidió a 3M que dejara de exportar respiradores fabricados en USA hacia Canadá y América Latina.


3M protestó. Advirtió de las consecuencias humanitarias y señaló incluso algo que para el anaranjadito es imposible de procesar: si todos los países respondían prohibiendo sus propias exportaciones, USA también podía terminar recibiendo menos mascarillas. 

Seis años después y sólo cambiamos mascarillas por diésel.

Pero eso ya lo sabíamos...

En crisis mundial, cierran la puerta del almacén y los que quedan fuera que se los lleve la gran puta.

Y uno de los lugares que suele quedar afuera se llama LATAM.

Aquí las consecuencias no llegan acompañadas de una conferencia de prensa ni banderita detrás del podio.

Llegan convertidas en cosas bastante menos solemnes.

Un amigo mío tuvo que cerrar su tienda de vegetales en zona 13.

Una bandeja de elotes que costaba Q15, ahora cuesta Q25.

Uno va a comer con su hija, recibe peor producto, en platos desechables y descubre que también cuesta considerablemente más.

Y así...

Eso es geopolítica después de quitarle la corbata y lo fashion

Por eso me llamó tanto la atención la decisión chinita:

Un país presionado por la crisis utiliza reservas propias y vuelve a colocar combustible en el mercado internacional.

El otro estudia quitar combustible de ese mercado para proteger su precio interno.

En lo personal, no necesito que ninguno me quiera.

A estas alturas de la vida tampoco exijo afecto de potencias nucleares.

Pero viviendo en Guatemala —ese lugarcito del mapamundi donde las grandes potencias toman decisiones y nosotros recibimos las facturas— uno empieza a agradecer una cosa bastante más modesta:

que cuando llegue una crisis, quien tiene la mano sobre la llave recuerde que hay gente del otro lado de la tubería.

Porque quizá sea cierto aquello de que en las dificultades se conoce a los amigos. Y a los hijos de puta también.

Celebremos pues, mientras podamos, con arrocito chino... 

*